Es muy carnosa, de piel dura, pequeña, redondeada y achatada. Se prepara en sartas para secarla al sol. Concentra un sinfín de virtudes y prolonga su vida durante el invierno.
En la localidad murciana de La Ñora (que no debe confundirse con un arenal de Asturias de mismo nombre), donde fue introducida por los frailes jerónimos, aclimató muy bien unas variedades americanas. La pulpa de la ñora se extrae raspándola con la punta de un cuchillo.
Una vez remojada contiene mucha vitamina C. Junto con sus carotenos rojizos refuerza nuestras defensas, mejora la absorción de hierro y protege la piel de las radiaciones solares.
Combinada con aguacate, maíz y espinacas, protege nuestra salud ocular y el sistema cardiovascular.
En el levante mediterráneo su pulpa se emplea para reforzar el sabor de sofritos y en salsas famosas como el romesco o el rin ran bacalao al estilo de Murcia. También se usa en los arroces de la cocina valenciana.
NOTA
No hay que confundir la ñora con la guindilla.
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