El membrillero es un árbol rosáceo, de hasta 4 metros de altura, de origen caucasiano. Produce una fruta parecida a una pera grande: el membrillo. Su piel es amarillo verdoso y está recubierta de una fina pelusa. Su carne es dura, firme, áspera, poco apetecible si cruda. Desprende empero un aroma agradable.
Con esta fruta se elaboran jaleas y confituras. Cocido y hecho puré acompaña bien carnes, cocina de caza, frutos secos y quesos. Es un alimento típico de otoño.
Para obtener la dulce carne del membrillo se cuece suavemente la carne, sin piel ni pepitas y se le añade azúcar en proporciones similares. Es algo astringente. Se puede cortar con un cuchillo a bloques. Si se cuece sin pelar, la pectina de la piel ayuda a espesar la carne. Si se pela, se añade zumo de limón para retrasar su oxidación.
El membrillo es tradicional de la cocina sefardí y de España. Hoy, también el Iberoamérica.
En la antigua Grecia su árbol estaba consagrado a Afrodita, la diosa del amor y la fertilidad. Según Plutarco, las novias griegas mordían un pedazo de membrillo la noche de bodas para endulzar y perfumar el primer beso nupcial.
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