También conocidas como simientes, pepitas o pipas, son capaces de producir nuevos vegetales de la misma especie. Se pueden tomar crudas, tostadas, germinadas o trituradas. En platos tanto salados como dulces.
La amapola
Es una semilla minúscula de una flor roja muy común en los campos de cereales. Recuerda el sabor de las nueces. Se emplea en bollería y bizcochos. Combina bien con quesos cremosos y, espolvoreada, en ensaladas.
El apio
Sus semillas reducidas a polvo son un buen sustituto de la sal. Son diminutas pero intensas en aromas y sabor, sobre pescados o tabla de quesos.
La calabaza
Sus semillas prensadas dan un aceite verde apreciado en los países germánicos. Realzan el sabor de carnes rojas o huevos fritos. Se sirven enfrío. Asimismo, se espolvorean sobre yogures o ensaladas. Se pueden tostar algo en el horno o en la sartén. Coronan bien el humus.
La chía
Su nombre significa "fuerza". La describió el naturalista Linneo en 1753. Fue el tercer cultivo en importancia en Méjico. Fue domesticado al llegar los descubridores. Contiene más proteína que cualquier otra semilla, más calcio que la leche entera y más omega-3 que el salmón. En agua forma un gel que da cuerpo a batidos y salsas. En algunos platos puede sustituir al huevo.
El girasol
Sus semillas se obtienen del corazón de la flor. Se pueden tomar de aperitivo. Tras retirar su dura cáscara, se pueden incluir en la masa de algún pan, sobre verduras al horno o en paté vegetal.
El lino (linaza)
Sus semillas contienen mucha fibra, tanto soluble como insoluble. Ayudan a controlar el colesterol. Molidas mejoran el yogur.Se incluyen en panes y masas caseras.
El sésamo
Al calentar sus semillas en la sartén potencian el aroma de las verduras, los arroces o los pescados. Aportan un toque crujiente. Junto con el tahini, son base del humus.




