El Calaix de Sastre de Rafael Amat y de Cortada Senjust, primer Barón de Maldà i Maldanell, es un fascinante y divertido diario personal escrito en 52 volúmenes. Detalla hechos y comportamientos de su época, escritos desde 1769 a 1819. Una especie de gaceta periodística de eventos cotidianos, chismes, fiestas, etc. Se halla en el Archivo histórico de la ciudad de Barcelona. Un famoso cocinero del palacio episcopal lo recomendaba a las amas de casa. Criticaba las modas afrancesadas. No se ha publicado entero. Parece que le gustó mucho escribirlo.
Cuenta que las comidas de los acomodados eran cinco al día, y siempre con carne. Las patatas y las cebollas eran para la mayoría de la población. El pescado, solo durante la Cuaresma. La leche, bajo prescripción facultativa. Arroces y tortillas, para las excursiones. Los sorbetes, para las recepciones. A veces, se burlaba de las costumbres de su época...
Parece que el barón era muy glotón: aves de corral, embutidos, chocolate a la taza, pasteles. Le gustaba aspirar tabaco y consideraba de mal gusto fumar en pipa.
El chocolate y el barón
Si hay un elemento gastronómico y social que se repite de manera casi obsesiva a lo largo de las páginas del Calaix de Sastre, ese es el chocolate (específicamente la xocolata desfeta o chocolate a la taza).
Para el barón de Maldà y la burguesía/nobleza catalana de la época, tomar chocolate era mucho más que un simple capricho: constituía todo un ritual social y cotidiano.
La infaltable merienda (la xocolatada): En sus diarios, el barón relata constantemente sus meriendas vespertinas, tanto en su palacio en Barcelona como durante sus viajes por pueblos catalanes (por ejemplo, en sus estancias en Tàrrega o La Panadella). Alrededor de las cinco o seis de la tarde, la actividad se detenía para disfrutar de una buena xicra (pequeña taza de porcelana) de chocolate espeso acompañado de pan, bizcochos o los tradicionales melindros.
El centro de la tertulia: El momento del chocolate era la excusa perfecta para reunir a las visitas, comentar las novedades del día, tocar instrumentos musicales (como la viola, que el barón tocaba) o escuchar la lectura de fragmentos del propio Calaix de Sastre...
Testimonio de época: Las descripciones del barón nos permiten ver cómo el consumo de chocolate importado de América se había integrado por completo en las costumbres de las clases acomodadas catalanas, convirtiéndose en el símbolo máximo de la hospitalidad, la comodidad burguesa y el placer cotidiano.











