sábado, 7 de septiembre de 2019

Los helados no son solo para el verano


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          Estudios recientes han acabado con la inmerecida mala fama que han tenido los helados durante años, pues además de un dulce placer pueden ser un alimento sano gracias a sus componentes y a una cuidada elaboración.  El único requisito es no abusar de su ingesta dentro de una dieta equilibrada.

          El hielo, precursor de los helados, era ya utilizado en los países meridionales. Se sabe por el filósofo griego Jenofonte (430-354 a C.) que los griegos conocían las bebidas refrescadas con hielo y aconsejaba conservar nieve para enfriar el vino que, de esta manera, se bebía con más placer. Asimismo,  Plinio ya nos dice que los romanos de la época imperial bebían hielo o nieve. Nerón comía purés de frutas enfriados con nieve (sorbetes…).

          Los helados propiamente dichos llegan a occidente procedentes, sin duda, de China, cuyo origen se situaría en la época de la dinastía Tang (800 a C.), donde se tomaba el hielo mezclado con frutas como una exquisitez.

          De la China habría pasado a la India, Irán, Turquía y el imperio árabe, de donde nos llegaron probablemente a nosotros. Dicen que entre 1295 y 1320 fue traído de Ásia a Italia por Marco Polo tras una de sus expediciones a China. Le habría regalado la receta el emperador Kublai-Khan.

          Según algunos tratadistas italianos – en Italia se fabrican unos helados excelentes- su iniciador habría sido un florentino llamado Buentalento, en el siglo XIV.

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          En Francia los postres helados fueron introducidos por los especialistas del séquito de la italiana Catalina de Médicis al casarse en 1533 con el futuro rey Enrique II. Sin embargo, fue el italiano Francesco Procopio (afrancesado su nombre en Procope) quien lo dio a conocer en París al abrir un establecimiento donde los servían. Se hizo muy famoso.

          A partir del siglo XIX se mejoró la fabricación de helados, llegando a incorporarse los más variados sabores.

          Cuanto más artesanal tanto más sano es el helado. Hay que huir de los que contienen grasas trans ya que suben el colesterol en sangre. Contrariamente a lo que se cree no son los helados excesivamente ricos en sacarosa (entre un 15 y un 17 %). Por lo general se pueden integrar perfectamente en una dieta equilibrada. Existen también variedades para diabéticos o bajos en calorías.

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